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MEDIACIÓN DESDE LA VIVENCIA INFANTÍL
Súper Chuma al Rescate
(Ó como salvarse en forma “express” de una mamá con ataque de pelos)
Por: Loreto Mejías.
Lo cierto es que Chumita despertó este día más inquieto que de costumbre porque escuchó un murmullo tan fuerte proveniente desde el primer piso de su casa que lo inquietó. A ratos el barullo parecía un partido de fútbol entre la Chile y el Colo, y en otro momento el ruido irrumpía en sus oídos como la sirena de los bomberos. Contaminación acústica le decían a aquello.
De un salto se deslizó a la planta baja y se encontró con una mamá totalmente descontrolada peleando con su hermano grande,-un poco no más-, a causa del desorden que había en su pieza, mientras Juancho se hacía invisible enchufado al walkman y tarareando y bailando el último “raeggetón”.
No sabía como hacerlos callar, porque si su mamá, doña Violeta, estaba brava, capaz que cayera sobre él mismo, hasta aquí invicto, y en el peor de los casos... se daría una vuelta por sus dominios…ufff, ni pensarlo. Pero le daba plancha que sus vecinos escucharan tanta trifulca un sábado en la mañana. “Nadie puede”. Y a él le cargaba la gritadera en sus momentos de relajo.
El papá, en tanto, era el inconsciente de siempre en sus días libres, porque a menos que se le viniera el techo sobre la pelada, tomaba “tranqui” su juguito de naranja metido en su cama y viendo el “Discovery Chanel”. Con los años había asumido lo más bien el mañoserío de la Viola y las indiferencias de Juancho, que ya andaba pasadito de la edad del pavo y tenía siempre las neuronas de paseo. Ahora más encima se le sumaban las hormonas. De una se le habían soltado, porque lo único que le daba por hacer era sentarse a mirar a la cabra fea de al lado que usaba frenillos y se creía toda “pinti parada” porque se delineaba los labios. A Chumita eso le provocaba “huácala”. Una rabia....
Nada de tonto, Chumita pensó en su propio pellejo. Y para que no le corrieran la cuerda, se escondió detrás de la cortina mientras su imaginación crecía a mil por horas... “Su superhéroe favorito se presentaría en medio de las mocha con un discurso bien inteligente”, divagaba. “Carlos Pinto aparecía desde las cortinas para contar cómo iban a seguir los hechos”... “Tulio Trivigno interpretaba la noticia con un tonito especial, casi dramático”. Algo farndulístico había que inventar entonces haciendo un recocido de todo esto.
Pensó…Diría por ejemplo: “Querida familia, madre y hermano, no sería bueno que en vez de estar desordenando y contaminando la tranquilidad de una plácida mañana”. “N’ que ver”. Era cursi y así se parecería al latero del Julito Martínez. Otro: “Oye mamá, no te pongai a alegar con el Juan que es burro y no regula. A este lo patió el ropero. Y no le cruje más que para mirar p’al lao”, sería un poco hiriente y tal vez a la mamá le diera por algo así como ¿y bosnia?
Y otro, que sólo desembuchó para no arrepentirse: “
Mami que lindo día. Amanecí con tantas ganas de conversar con ustedes. Fíjate que anoche soñé en lo tremendo que sería no tenerlos y me asusté. Una mamá tan dedicada, con manitos suaves; un papá trabajador, inteligente; y un hermano generoso que me presta su pelota nueva y no me echa cuando está conversando con sus compañeros. Si ustedes creen, podríamos hablar de nuestras diferencias, -que en todas las familias abundan-, y hacernos acompañar de una rica lechecita con chocolate y unas galletitas. ¿Que más hay en el refri?
La había hecho de oro. Lo notó en el mismo momento que pasaron del chillerío a observarlo con cara de “¿y a ti que te picó?”... Con las ganas que tenía de ser importante y no le había costado nada. “Matando al amanecer”, se dijo.
-Propongo, habló fuerte, que la charla no dará para que vuelen las plumas, es decir, no correrá sangre por los pasillos. Nadie entrará a mirarse muy feo, ni menos intentará encontrar el método para tirar p’abajo al otro. Cada uno tendrá su tiempo para hablar y entrará cada quien a decir lo que cree de este problema. Nada de morisquetas ni gestos. Y lo que acordemos será respetado so repudio familiar. Como en el fútbol, ¿aceptarían si tomo el lugar del árbitro?
Y la cuestión se armó porque se sentaron en la mesa pese a que todavía tenían su rollo metido en la guata, que por sus caras... ¡vaya que les molestaba! Como era algo novedoso, la mamá enganchó al tiro, y Juan, lo encontró de lo mejor. Ya estaba quedando medio sordo con el sonsonete de la mamá que, por más que fingía no escuchar, le resultaba “archiconocido”. Esto mismo lo tenía sumido en una parálisis total de mano para ayudar,- tipo “tortuga Concha ven a barrer, no tengo manos no tengo pies”-, porque no soportaba que lo anduvieran tironeando, si el sabría cuando proceder. Otra cosa era dar el paso... y eso costaba. La tontera de llevar la contra no más.
-Bueno, dijo Chumita en su importante papel, ¿quién quiere sacar p’a afuera primero?
-Yo, contestó Juan, ansioso por no dejar hablar a la mamá, que podría tentarse y seguir con la tarandela.
Y dijo así : “Mira Chuma, lo que pasa es que mi mamá habla sólo de cuando me ve relajado mirando por la ventana o cuando me pongo a chatear en el computador. Pero nada dice de cuando estoy estudiando, porque tengo buenas notas. Ni se acuerda de las anotaciones positivas. Me levanto temprano y tomo la micro donde vienen un montón de viejas guatonas que me pisan y casi me liquidan de un suácate cuando me quiero sentar. También se cansa uno. Llego a la casa, almuerzo y sigo, y ya no me dan ganas de limpiar más encima. ¿P’a que entra a mi único lugar privado si está con rabia?. Hoy es sábado y quería dormir más y le dio el ataque...Total tuve que salir de ahí y venirme a la mesa. Y hasta aquí llegó la pelotera”.
Chuma: O sea, lo que tú dices, es que tienes que estudiar para sacarte buenas notas. Vas al colegio y te cansas, y las señoras con sobrepeso te pisan en el autobús. Vuelves a la casa y le sigues dando, ¿y sólo la mamá habla de cuando te pilla en el computador chateando o mirando p’al lao, a la casa de la vecina?
Juan: ¡Eso mismo pus oye!
Chuma: Y tú mamá, ¿que me dices?...
Mamá: Bueno, lo que me tiene aburrida es que Juancho es tan cómodo. Yo ya no tengo niños chicos en la casa. Cuando eran pequeños les andaba acarreando cuanta cosa quedaba tirada en el suelo y pasaba limpiando sus dormitorios para que estuvieran en un lugar lindo y aireado. Pero ahora córtenla pues, háganse cargo de sus leseras. Y que Juancho no me deje tapizado el piso de papeles y zapatos. Todo tiene un límite y yo creo que a ninguno de mis dos hijos les gusta ver a su mamá fea, toda furiosa y con cara de bruja peleando, cuando podríamos cooperarnos mutuamente. Así yo tendría tiempo para peinarme y perfumarme y quedar toda regia para salir a tomar un helado con ustedes al almacén de Don Goyo. No creo que estoy pidiendo mucho...
El tonito de la Viola le sonaba a Chuma demasiado confianzudo, y de paso lo incluía a él en el combo. Por eso continuó haciendo hincapié en su imparcialidad y equidistancia. Nada debía delatar sus propios sentimientos, aunque ganas no le faltaban de meter la cuchara.
Chuma: Mamá lo que dices en esta mesa es que te sientes agotada con las labores de la casa. Que antes hacías todas las cosas porque no había vuelta, éramos chicos, y que ahora quieres tener más tiempo para ponerte linda y salir a tomar helados con nosotros al almacén de Don Goyo.
Mamá: Ojala que lo entiendan cabecitas de Dios.
Chuma: ¿Tú crees que la mamá está peinando la muñeca, Juancho?.
Juan: No
Chuma: ¿Piensas que te sería muy difícil tirar las manitos como ella lo pide?
Juan: No
Chuma: ¿Cómo crees tú que puedes aportar en la operación limpieza?
Juan: Tal vez no dejando vasos sucios encima del velador, llevando los zapatos al closet y ordenando la ropa. Todo un esfuerzo, te digo. Una vez por semana puedo sacudir mis libros, y bueno, puedo sacudir, haciendo uso de algunos privilegios en mi favor -como hablar más tiempo por teléfono el viernes, sin que me controlen-, además el living y el comedor.
Chuma: ¿Qué le parece esto doña Viola?
Mamá: Muy bien
Chuma: Y ¿sería suficiente?
Mamá: No
Chuma: ¿Qué, entonces, podría ser lo mejor?
Mamá: Además de recoger los vasos que están sucios y guardar los zapatos, me gustaría que Juan tuviera una buena disposición para ayudar y que eso no le desfigurara la cara como al hombre increíble. De repente vienen los abuelos, por ejemplo, y quisiera que saliera de su pieza a saludar. Y les ofreciera un té. Lo que digo es que espero un cambio de actitud.
Chuma: ¿Y tú como mamá perfumadita y que tiene más tiempo para ponerse bonita, permitirías a veces un ataque de lata en Juan, -que es un buen estudiante y tiene muchas anotaciones positivas en el colegio-, cuando está atorado de actividades?.
Mamá: Claro, además si llegamos a acuerdo en cuanto a la colaboración, algunos días pueden invitar a sus amigos y yo les doy Coca- cola con papas fritas, y juegan fútbol en el patio, y todos ordenamos al momento de despedirlos.
Chocho en lo más profundo de su ser, Chumita ya se frotaba las manos al pensar que todo andaba miel sobre hojuelas, sólo que el inconsciente y retardado de entendimiento del Juan le lanzó una nueva tontera que lo hizo tambalear.
Juan: Mira Chuma, todo esta re bien, pero aprovechando la contingencia, como dicen los políticos, a mí me gustaría decirle otras cositas a mi mamá que también me dan harta lata y por eso protesto y no hago las cosas. Ahora, no se como lo va a tomar. Es tan delicada de oídos que siempre cree que uno la está atacando en la más personal.
Mamá: Cuidado con las faltas de respeto Juan.
Chuma: ¿Les parecería entonces que me reuniera un poquito en privee con cada una de las partes para que veamos que otras cosas faltan para llegar al punto?
Mamá: Que sea rapidito porque estoy ocupada...
Juan: Bueno ya.
La mamá se retiró un momento llevando los platos sucios de la mesa mientras Chumita se apuró por cerrar la puerta de la cocina para que no hubieran orejas copuchentas que alteraran la confidencialidad. A esas alturas el único sonido que rompía la paz del hogar era la tele, a lo lejos, y los ronquidos furiosos del papá, que por supuesto había ocupado el aparato como canción de cuna...
Chuma: Juan ¿entonces, que más te gustaría desocupar?
Juan: Me gustaría decirle a mi mamá que no se entusiasmara con la aspiradora los sábados ni los domingos, porque así puedo dormir hasta más tarde. Y que trate de planchar durante la semana, porque o si no ocupa toda la cocina con esas tonteras y andamos de lado para no toparnos.
Chuma: ¿Y se me puede caer el casete?
Juan: Eso.
Chuma: ¡Que pase la mamá!
Buena onda, pensó Chuma, ya estaban como en el programa de Reality. En ese intertanto Juan aprovechó para dar un vistazo a la ventana y se movió, cabía la posibilidad que la suerte le prendiera luces de colores y dos bum bum...
Chuma: Dama, ¿hay algo que no dijo porque estaba el Juancho?
Mamá: Mira, no quise ofenderlo, pero hasta sale mal olor de su pieza y no me atrevo a limpiar ni airear si hay tanta cosa suelta, además respeto la propiedad privada. Y me carga que deje la puerta cerrada, parece que allí hubiera un reducto de extraterrestres. Ahora yo entiendo que a veces está agotado con tantas cosas del colegio...
Chuma: Entonces, si se te hizo la luz ¿te costaría dejar de pasar el aparato removedor de tierra, o sea la aspiradora, los fines de semana, para que él duerma un poco más?. Me contó que le gustaría que hubiera un tratado de paz en ese sentido, lo mismo con el tema de la plancha, que dice, ocupa harto espacio.
Ahí mismo le dieron ganas a Chuma de aportarle a la mamá con argumentos, como que el Juancho era incapaz de hacer dos cosas a la vez porque se tupía, y por lo tanto no estaba dentro de su mapa correr la tabla del planchado para tomar agua...
Mamá: Lo estaría pensando...
Chuma: Juan acércate para que fijemos los acuerdos, pero antes una pregunta. ¿Te molestaría dejar la puerta de tu pieza abierta y la ventana con un espacio para que entre aire y no esté fuchi el ambiente?.
Juan : Creo que no. Ojalá no me vuele.
Chuma: Pensemos en cómo nos vamos a fumar la pipa entonces. Tiene que ser algo concreto. Podríamos poner la carta compromiso en el Refri para que no se le olvide a nadie.
Juan: Puedo ayudar en la casa los lunes y los miércoles, que llego más temprano. Y para el fin de semana hacemos una lista rotativa con algunas tareas como poner la mesa, recogerla, lavar los platos, secarlos y guardarlos, sacudir, regar el jardín, barrer. Ya me cansé.
Mamá: Los otros días, siempre y cuando no dejen sus pertenencias tiradas en el suelo, yo puedo limpiar. Y me sumo a la lista de fin de semana. Como premio, cuando terminemos las tareas que nos propusimos, nos preparamos unas cositas ricas para antes de almuerzo.
Con la mejor letra que pudo, Chumita redactó los acuerdos y cada una de las partes selló su compromiso con un beso y un abrazo. Merecido se tenía entonces un buen mordisco del sendo sándwich que recién terminaba de prepararse... Pero al mirar hacia el otro lado de la mesa advirtió que Juan y su mamá lo observaban en total complicidad... ¿Y su pieza en qué lugar de la lista del acuerdo estaba quedando? ¡Lo sabía! Por ahí andaba la mano. Ahora las dos divertidas caras familiares venían en picada por él. Y así, casi automáticamente, se volvían a ocupar los lugares que habían servido para ablandar un conflicto. Sólo que en la oportunidad Juan sería el tercero equidistante. Nada que hacer porque su hermano ya había aprendido el método. ¡Chuuuuuuuuuuumita!

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